Poco a poco iremos conociendo las bonitas historias y leyendas que se están escribiendo por parte de los alumnos del Aula de Adultos de Cadalso y otras localidades. Hoy le toca el turno a Victoria López, que cuenta con su habitual gracejo como se convivía y se disfrutaba de emotivos y divertidos momentos en las bodegas de Cadalso.
HISTORIAS Y LEYENDAS DE CADALSO
no sé si fueran leyendas o algo que ella se inventaba.
En las noches de invierno, antes de irnos a la cama
nos relataba los cuentos de cosas que aquí pasaran.
Estaban en la bodega Pedro Anchas y su hijo
un muchacho flaco y feo, un poquitín tartajoso, ¿qué digo?
era el pobre Periquín, feo y tartaja perdido.
sabañones en invierno, tosferina en primavera.
Le operaron de fimosis, un huevo tenía escondido,
era el pobre desvalido, colmo de
desdicha y males.Pasaba el día en la casa, jugando al mocho y al aro
haciendo a todos mandados y dando grandes carreras
cuando muchacho veía, que al cacón que se perdía
Perico se lo encontraba, ¡ya sabéis lo que se dice!:
“al perro flaco se arrima, toda pulga que se pierde”.
De niños somos tan crueles, que daño se hace al más débil.
El padre salió a buscar, algo que necesitaba
dejando a Pedro al cuidado, del vino de la pitarra.
Pasó por la Corredera, entró en casa la Agripina,
le pregunto por Emilio, al que no vio en la cocina.
-¡Pasa que está en la bodega, se encuentra corriendo el vino
han venido Constantino y mi sobrino Tomás!.
¡Pasa a tomarte un chatillo y cantad una coplilla…
que ahora os frío unas morcillas, cuando me traigan el pan!.
Pasó el hombre para dentro, se encontró con los amigos
comenzaron a charlar, beber, comer…chascarrillos,
se les pasó la mañana y no se dieron ni cuenta.
Vinieron otros vecinos y se alargo la merienda:
Huevos, chorizos, torreznos y ¡grandes tragos de vino!
hasta se cayó al pocillo, el borrachín de Tomás.
No le importó, se baño en lo que más le gustaba,
vinillo dulce y sabroso de las uvas del Joyuelo,
la tierra tiene buen suelo para la uva garnacha,
tempranillo y moscatel, ¡vinos que son un placer!.
Un manjar propio de dioses, de emperadores romanos,
de paganos y cristianos, lo mejor que se inventó.
Llegó Julián “Calderilla”, su hermano Pedro “Caldera”
con laúd y la botella, almirez y tapaderas.
Cantaron en la bodega, canciones de aquellos tiempos
recordando los momentos, cuando llegaban las fiestas
y las muchachas rondaban, de lo bien que
lo pasaban.Si un forastero venía y a una de ellas pretendía,
le hacían pagar la ronda o un buen baño en el pilón,
dándole un buen remojón, si “rata” les parecía.
También lo estaban pasando, que no se dieron ni cuenta
de cuando se abrió la puerta y el muchacho apareció.
Pa…pa…pa…pa….pa…pa…
El chaval que no arrancaba, ni una palabra decía,
cuando más quería hablar, más nervios se ponía.
Su padre al verle azaroso, le grito con alta voz:
-¡Dímelo cantando hijo!, Periquillo comenzó:
-¡Alza salero, el barreño de vino se está saliendo!.
Decía siempre mi abuela: que cuando un tartaja canta…
¡todos sus males espanta!.












